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Modelo pedagógico

Mediante el plan de estudios de Licenciatura en Actuación, La Casa del Teatro se propone la formación de un actor dramático, capaz de responder a las exigencias de un arte de ficción personificado, en donde el actor será el encarnador del sujeto de la ficción.

Para conseguir esta capacidad de personificación en el actor, comenzamos por fomentar en el alumno el ejercicio del propio criterio, a través del pensamiento crítico y del análisis sistemático. Sólo cuando el alumno ha desarrollado un criterio que le permita discernir, investigar, articular las distintas ramas de la formación para ponerlas al servicio de la ficción, será capaz de iniciar un proceso de creación artística.

El carácter de nuestra institución educativa se manifiesta en que no se trata sólo de que el alumno sepa, sino que sepa que sabe y sabe porque puede y porque quiere. Este carácter, no se reduce por tanto, a la transmisión de conocimientos, sino atiende a la formación intelectual, práctica, ética y social con una participación reflexiva, consciente y propositiva de los estudiantes en el ámbito teatral de nuestro tiempo.

Dentro de los objetivos del plan de estudios se contempla la necesidad de partir de un marco general compartido que determine el sentido de la enseñanza de cada una de las áreas, para evitar que los alumnos desarrollen un aprendizaje superficial, sin dirección y de esta manera fortalecer la identidad artística y cultural de La Casa del Teatro.

Por otra parte, la conformación de la planta docente que participa en el proceso formativo, integra una diversidad de perfiles académicos y artísticos donde confluyen distintas trayectorias y enfoques.

El modelo pedagógico de La Casa del Teatro tiene como objetivo, por tanto, construir al sujeto de la teatralidad a partir de la constitución del individuo en persona en el contexto de una comunidad creadora e interactuante. Este objetivo se trabaja en cuatro dimensiones paralelas:

a) La formación de la persona. Implica la fundación de la propia identidad, fincada en la dinámica del autoconocimiento, en el ejercicio del pensamiento crítico, en el desarrollo de la vida interior del sujeto.

b) La construcción del sujeto comunitario. El teatro por principio es un arte colectivo. Por ello intentamos formar al alumno dentro de una conciencia de grupalidad, en actividades comunitarias que fomenten su espíritu de colaboración y trabajo en equipo.

c) La formación del artista. Proporcionar al estudiante las herramientas técnicas y los elementos del lenguaje teatral que le permitan encauzar  su necesidad creadora a través de la construcción del mundo de la ficción.

d) El compromiso con la sociedad. El arte como representante de la realidad, exige del artista un conocimiento pleno de su entorno social. Intentamos formar actores comprometidos con la problemática humana de su tiempo, dentro de la convicción de que el arte tiene la capacidad de contribuir a transformar la realidad.

La integración de estas cuatro líneas pedagógicas tiene como sentido último conseguir la excelencia artística del actor: la condición artística se alcanza en la medida en que el individuo ha logrado consolidarse como persona a partir de una dinámica de autoconocimiento, para trascenderse a sí mismo en el proceso de encarnación del personaje. La interiorización del personaje es posible si existe en el alumno una profunda vida interior; a su vez, la interacción de los personajes sólo puede producirse a partir de una radical experiencia de los actores en la formación grupal y en la vida comunitaria.

La capacidad de personificación se consigue a través de tres etapas del proceso creativo que deben desarrollarse en el alumno:

a) El actor como lector profesional de la ficción. Es el primer acercamiento del actor al texto dramático. El actor debe ser capaz de desentrañar los signos del texto a través de herramientas metodológicas como el análisis tonal, el contexto histórico de la obra y la historiografía del contexto del autor. El actor como lector deconstruye los signos de la textualidad dramática a partir de un proceso de profesionalización de la lectura que denominamos exégesis.

b) El actor como dramaturgo. Una vez que el actor se ha sumido en el análisis del texto dramático, tiene como tarea desentrañar la lógica del comportamiento del personaje. El actor debe ser capaz de construir una causalidad que el autor dramático no ha hecho explícita en el texto, y esto es lo que denominamos la dramaturgia del actor: la capacidad del actor para estructurar los determinantes de su personaje: antecedentes, objetivos, conflicto, etc.

c) El actor personificador. El tercer paso de este proceso consiste en la capacidad del actor para imprimir su trabajo de análisis en su tejido corporal; es decir, que todo lo estructurado debe asumirlo personalmente y por lo tanto ponerse en la situación del personaje y encarnarlo.